La titular de un grupo, al que asisto a clase, quiere saber más de sus estudiantes, para ello pidió una autobiografía. Redacté la mía, es muy corta y se las comparto.
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El 14 de agosto de 1984 a las 11 de la noche, en el quirófano del Seguro Social en Acaponeta, Nayarit, México, lloré por primera vez. El doctor dijo que era una niña sana. Mi madre que por aquella época admiraba a la interprete española de amor eterno, le pareció que Rocío era un nombre adecuado para llamar a esa niña.
Las frases favoritas de mi infancia tenían estructura de órdenes: ¡quiero ir a clases de danza, dibujo, moños y diademas, computación, matemáticas, quiero que me compren libros! Enunciados que mi padre, con gracia, les ponía punto final al repetir su canción favorita, no tengo dinero, ni nada que dar.
En el 2000 decían que se acabaría el mundo, pero lo único que vi acabar en Acaponeta fue el tiempo de la preparatoria. Mi madre, quien por aquella época me conocía mejor que yo, me dijo que estudiara para maestra, que me veía vocación. Le repliqué que estaba loca, que por mi carácter podría matar a más de un niño.
Estudié derecho para defenderme por si algún día me acusaban de homicidio, al día de hoy tengo diez años de experiencia frente a grupos escolares y aun no he sido imputada.
P.D. tengo dos gatos.
F I N