La urgencia de aprender la realidad y expresarla en formas estéticas puede ser uno y muy fuerte. Rosario Castellanos.
Comienzo diciendo que el día que Cinthya me pidió que presentara su trabajo, mi cara fue de sorpresa por dos razones:
1. No me lo esperaba;
2. Porque no soy escritora.
Tal vez, me puedo considerar amiga de Cinthya y, tal vez por eso ella tuvo esta deferencia hacia a mí. Valga la pena decir que conocí a Cinthya en un ambiente libre. La escuché tocar en un festival de mujeres creadoras en 2013 y me gustó mucho lo que hacía, también la escuché leer un cuento en un taller literario y pensé: ¡yo tengo que cotorrear con ella!, pero las cosas llegan cuando tienen que llegar, pues es apenas hasta este año 2015 en el que realmente compartimos más cosas juntas, no les voy a hablar de su lado personal, ese es un privilegio (o no) que ustedes deben vivir (si ella quiere), pero valga lo hasta aquí dicho como redundancia de la sorpresa que me causó su invitación, pues uno asume que lo “tradicional” en la famosa “patadita de la suerte” es que alguien con experiencia introduzca al creador en ciernes al mundo compartido. Pero en este caso, esa tradicionalidad del experto presentando al novato no aplica. Heme aquí, y por semejante confianza no puedo sino más que agradecerte profundamente.
Así, me concentraré en el cometido de compartir con ustedes algunos comentarios en torno a este ejercicio, que dicho sea de paso, me parece estupendo.
Dice Rosa Montero en La loca de la Casa que, «El oficio literario es de lo más paradójico: es verdad que escribes en primer lugar para ti mismo, para el lector que llevas dentro, o porque no lo puedes remediar, porque eres incapaz de soportar la vida sin entretenerla con fantasías; pero, al mismo tiempo, necesitas de manera indispensable que te lean; y no un lector, por muy exquisito o inteligente que este sea, por mucho que confíes en su criterio, sino más personas, muchas más, a decir verdad muchísimas más, una nutrida horda, porque nuestra hambruna de lectores es una avidez profunda que nunca se sacia, una exigencia sin límites que roza la locura. A saber de dónde saldrá esa necesidad absoluta que nos convierte a todos los escritores en eternos indigentes de la mirada ajena.»
Me sirvo de esta frase para decir que nos reunimos esta tarde no para presentar una obra acabada, perfecta, lista para ocupar las librerías y para que todos ustedes la compren y se la lleven a casa, No. Me atrevería a decir que esta presentación roza lo crepuscular y lo fronterizo, entre una joven escritora y las probables obras que algún día escribirá y engrosarán la narrativa primero local y porqueno, la nacional después. La prueba de esta creencia la baso no sólo en el resultado de este ejercicio literario cuyo proyecto fue seleccionado y beneficiado con la beca PECDA a jóvenes creadores. Sino en la trayectoria de Cinthya como artista, como mujer creadora, pero sobre todo como voraz lectora.
Redundancia, novela breve, es una muestra de la avidez lectora de Cinthya Espinosa, esto se aprecia en el mosaico de voces empleadas que son el eco de técnicas que utilizaron autores como Carlos Fuentes en La muerte de Artemio Cruz y la recurrencia al triángulo de las bermudas narrativas “yo, tú, él”.
Tal vez, y debido a esta técnica empleada, uno como lector, puede sentir simpatía por Karina, protagonista de la novela, cuando Karina cuenta en primera persona sus experiencias, fragua con el lector un grado de intimidad expreso y no puedes no sentir ternura por el personaje. Cuando aparece la tercera persona, rompe la ternura por el juicio del narrador oculto y sabelotodo, e incluso se burla directamente de que en literatura no está bien visto cometer juicios de autoridad, pero lo hace de manera deliberada y sin cortapisa, y cuando uno encuentra esto, al menos a mí, me arrancó una carcajada sonora. El empleo de la segunda persona nos remite a ese diálogo entre dos, pero en el que sólo te habla uno. Utilizando el tú, y esto, al menos en las peripecias de Karina no hace más que sugerir y acentuar la ansiedad de la protagonista.
Ya van siete días desde lo de Sergio.
¿Qué? ¿No piensa volver a buscarte nunca?
Te has preguntado muchas veces qué pasó, has hecho el recuento de tus escasos encuentros con él y no entiendes por dónde va su voluntad, has aguantado las ganas de ir a su casa, felicidades, ahí la llevas en el proceso de ser dama y no hostigar, pero bueno, pensándolo bien, tú fuiste la que huístesin decir nada, tal vez crea que no te importa. ¿Y si le echas una llamadita?
Podría aventurarme a decir que Redundancia es una novela psicológica, esa ficción , breve, cuenta la historia de Karina a través de sus pensamientos, sentimientos, dudas, es decir la autora hace un énfasis en la caracterización interior del personaje, pero hay una característica interesante en el texto, pues esta caracterización psicologíca no explica causalmente los estados de ánimo del personaje, sino que la conminan a preguntarse por los mismos, y en esta acción de preguntarse, hay lo que podría significar una semilla para la literatura sea o no importante como lo dice Doris Lessing en el Cuaderno Dorado «He decidido no volver a escribir una novela. Tengo cincuenta «temas» sobre los que podría escribir, y todos serían suficientemente aptos. Si hay algo de lo que podamos estar seguros, es que seguirán fluyendo de las editoriales novelas aptas e informativas. Yo sólo poseo una de las menos importante cualidades necesarias para escribir: la curiosidad».
Esa curiosidad se traduce en el ansia de Karina que busca, aunque no sepa qué, busca. Y la forma que la autora encuentra para recrear la ansiedad del personaje es recurrir a otra de sus pasiones, la música, en cada capítulo por pequeño que sea, es más en cada renglón, en cada frase la musicalidad del texto se convierte en la principal cualidad del trabajo.
Todo le sirve al autora para amenizar las escenas, el ronroneo o maullido de un gato, el ronquido suave casi imperceptible del cuerpo amado, el chorro de la regadera, el sonido de del tic tac del reloj … y uno entiende que la riqueza y armonía de las onomatopeyas empleadas, parecen cantar y al tiempo aumentar la tristeza de Karina o mejor fundirse en Karina y a través de diversas metáforas decirnos que:
Karina es un gato traicionado,
Karina es una adolescente ultrajada,
Karina es una vieja enferma,
Karina está enamorada y quiere saber qué significa el amor,
Karina quiere bastarse…
Karina es pintora, y Karina a toda costa intenta crear cosas vivas, le parece que eso es lo único que vale la pena. Redundancia me parece que es una cosa viva, es una cosa que se mueve, y despertando sentimientos en el lector. El universo del personaje es multiforme, cambiante como su ánimo, el contexto es el nuestro, la ciudad es esta y se pinta con tonos a veces luminosos que dan calor, y a veces fríos y duelen. Las palabras empleadas son las que dibujan el universo de la historia:
. Karina siente una escisión entre los pechos, un vacío irresistible. Hay una grieta fría y dolorosa que la invade justo cuando el semen le cae en el vientre y una expresión de muerte se le dibuja deformándole el gesto. Elías tiene los ojos cerrados y sonríe satisfecho mientras recupera el aliento. Ella lo observa y siente pena de sí. Algo se rompe.
La muerte nos hace sentir vivos. Es contradictorio. Karina llora en secreto. No sabe si es bueno o malo lo que siente, no sabe qué siente. El líquido tibio. Una gota espesa y pegajosa paseando deliberadamente por su cuerpo. Un charco en el ombligo. Una gota ajena a ella. Células ajenas. ¿Por qué tiene células reproductivas ajenas encima, si provienen de alguien que tiene manos delicadas y voz débil?, ¿Por qué permite esto?, ¿Para tener una expresión de muerte en la cara y así sentirse viva?
Detrás de esas preguntas que se hace Karina subyace la semilla de la filosofía en la literatura, preguntas existenciales que no dejaremos de hacernos, una redundancia que palicemos o disfrutamos, pero que igualmente alimentan ese innato e irresistible deseo de preguntarnos puerilmente ¿por qué?, hay un pasaje en la novela, este:
Nota en el refrigerador sostenida por un imán en forma de manzana:
Si hay tantos hombres escribiendo para tantas mujeres diciendo que son las mejores, las más hermosas. Si todas esas mujeres son las más, entonces ¿Yo qué soy?, ¿quiénes somos nosotros?, ¿qué es nuestro amor? No vale nada lo que dices. Es una vil repetición. No hay nada nuevo. Eso que siento yo y que sientes tú, es genérico.
Este, me recordó otro pasaje de La inmortalidad de Milán Kundera, el pasaje que me recordó es cuando Agnes la protagonista habla con su marido sobre los rostros de las personas, Agnes le dice que no existe la individualidad y el esposo le contesta que él ama el rostro de ella, que el podría indentificarlo siempre, Agnes le contesta que si él ama su rostro entonces no se ha dado cuenta de nada. Y en la novela se recurre al juego siguiente, Agnes le dice a su marido, que ponga dos fotografías de dos rostros juntas y que podrá ver las múltiples diferencias de cada uno, pero que ahora a lado de esas dos fotos ponga 160 fotos de caras diversas descubrirá de improviso que se trata de una sola cara de un solo rostro con tantas variantes y que no ha existido nunca un individuo.
Ese pasaje misterioso, de Kundera, me lo recordó la nota en el refrigerador de Espinosa, y creo que hay algo valiente en esta historia, de la que se autora pretende se convierta en «una historia amplia de búsqueda con uno que otro destello de descubrimiento, siempre solitaria, atiborrada de imágenes turbias, de tardes viendo el techo, de ansiedad».
Redundancia es un círculo, redundancia es un ciclo desesperante o armonioso, dependiendo del prisma con que sea evaluado. Quiero cerrar esta intervención con algunos comentarios al margen de este trabajo. Me gustaría decir que un valor adicional que veo en este ejercicio es el esfuerzo de Espinosa de apropiarse de la escritura, rompiendo con la idea preconcebida de que la escritura está vedada a grupos de iniciados, o estudiosos de carreras en letras, o para los que están cerca de otros escritores reconocidos, y esto me parece una actitud de bonita rebeldía que afortunadamente no es aislada, en taller que dirigía Shantal Contreras me di cuenta que hay muchas personas que cultivan esta actitud. Sin embargo, creo que Cinthya a través de un esfuerzo personal y de un amor a la lectura, ha sabido aprovechar desde los talleres literarios, programas de salas de lecturas, así como los chiringuitos de venta de libros de segunda mano, para asirse de libros y devorarlos, luego preguntarse por el origen de las palabras qie más le gustan como “serendipia”, haciendo una exegesis en torno al vocablo.
Pienso que No es necesario tener una formación filológica para amar las palabras. Tal vez sea a la inversa, porque amamos nos preguntamos y hacemos hasta lo imposible por conseguir respuestas, aunque no nos satisfagan, aunque ese proceso de buscar aumente nuestra ansiedad, no importa.
Este mosaico de voces, de musicalidad, de imágenes yuxtapuestas que es Redundancia, no es otra cosa más que el mosaico artístico que poco a poco y con mucho esfuerzo ha hecho Espinosa de su propio actuar. Colores, historias, canciones, instrumentos, anécdotas, juego. Un eterno, gracil y disfrutable juego, de palabras, de viajes, de trabajos, de aprendizaje.
Y aquí, al puro estilo de ella misma, me gustaría decirle a titulo personal que he disfrutado a través de…
Enmoladas, bicicleta, pastodelalomatiradasplaticandoenvueltasenmusicaagradable, deyvis, colima, trabajodurovendiendotostadasdecevichedetrigohechoporlatiaenelparqueecologicoparajuntarsietemilpesosparahacerelcampamentosconelcirculodemujerescreadoras, queserepita, queredunde, peroquenosecierre..