Come, lava y duerme

martes, 23 de febrero de 2016

Auto-Biografía

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Auto-Biografía
ROCÍO LÓPEZ·JUEVES, 4 DE FEBRERO DE 2016Leída 238 veces
La titular de un grupo, al que asisto a clase, quiere saber más de sus estudiantes, para ello pidió una autobiografía. Redacté la mía, es muy corta y se las comparto.
...
El 14 de agosto de 1984 a las 11 de la noche, en el quirófano del Seguro Social en Acaponeta, Nayarit, México, lloré por primera vez. El doctor dijo que era una niña sana. Mi madre que por aquella época admiraba a la interprete española de amor eterno, le pareció que Rocío era un nombre adecuado para llamar a esa niña.
Las frases favoritas de mi infancia tenían estructura de órdenes: ¡quiero ir a clases de danza, dibujo, moños y diademas, computación, matemáticas, quiero que me compren libros! Enunciados que mi padre, con gracia, les ponía punto final al repetir su canción favorita, no tengo dinero, ni nada que dar.
En el 2000 decían que se acabaría el mundo, pero lo único que vi acabar en Acaponeta fue el tiempo de la preparatoria. Mi madre, quien por aquella época me conocía mejor que yo, me dijo que estudiara para maestra, que me veía vocación. Le repliqué que estaba loca, que por mi carácter podría matar a más de un niño.
Estudié derecho para defenderme por si algún día me acusaban de homicidio, al día de hoy tengo diez años de experiencia frente a grupos escolares y aun no he sido imputada.
P.D. tengo dos gatos.

F I N
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lunes, 27 de julio de 2015

«árbol de muchos pájaros»


El verano transcurre en aparente calma, entre el estudio de dos idiomas: Italiano e inglés, lecturas de mujeres escritoras y la suscripción a Spotify premium, mis días se suceden en diferentes ritmos. 
En algunas ocasiones el ritmo es acelerado, contundente y me da por leer los ensayos de Rosario Castellanos en su colección póstuma Juicios Sumarios I y II, al leerla no es gratuito que se apodere con potencia del ambiente la voz de Sarah Vaughan recreando una atmósfera vestusta con sabor vintage.
La castellanos es una conocedora de la historia mexicana elegida para morir absurdamente. Me gusta cuando las cosas se relacionan, cuando uno busca conexiones, Castellanos, cuando era estudiante de filosofía de la UNAM leía a Simone de Beauvoir, no por ello Castellanos es considerada de las primeras feministas en México. 
En una conversación una amiga, Cinthya Espinosa, me recomendó leer las "Cartas a Ricardo". Se trata de toda la correspondencia que Castellanos sostuvo con el más grande amor terrenal en su vida. Cinthya dice que son cartas inteligentes, divertidas, llenas de amor y que presuponen al hijo de puta a quien van dirigidas. Cartas sin respuesta, amor no correspondido. Vi el siguiente documento sobre la vida de Castellanos producido por canal Once:  

y precisamente, el amor desmesurado que Castellanos prodigaba a Ricardo Guerra fue lo que más me chirrió, ¿cómo  puede una mujer desear a un hombre a su lado y al mismo tiempo rechazar la idea del matrimonio? ¿cómo puede una mujer liberal, avanzada en su época, no creer en la domesticación de una vida en pareja y al mismo tiempo desgarrarse por la infidelidad de su marido?  ¿Por qué una mujer al extremo inteligente se da el lujo de sufrir por el amor de un hombre?Encontraba incongruente la vida sentimental de Castellanos, en esto no se me antojaba parecida a Simon de Beauvoir, pero a ésta no la caracteriza la poesía y a Castellanos sí,  y ¿qué no es la poesía uno de los medios e instrumentos más bellos para expresar las ambivalencias del espíritu?, ese amar y odiar, ese desear y contenerse, ese querer sin poder. Así, ella, Castellanos es recordada por poemas celebres 
"Voy a morir de amor, voy a entregarme al más hondo regazo... En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros".
Pero yo no soy amante de la poesía. No me siento identificada con las frases alambicadas y figuras metafóricas complejas o simples. Me atrae más la prosa, las frases claras y cortas, las ideas bien expuestas, si entre líneas la poesía se presenta se convierte en un plus agregado, lo agradezco, pero la poesía y yo no tenemos una buena relación. Sirva pues, que en el 2002 compré los ensayos recogidos postumamente en dos títulos: Juicios Sumarios I y II. Se trata de artículos pequeños publicados en distintos espacios, en los que Castellanos hace derroche de agudeza analítica, y hereda a los nuevos lectores  una fuente inagotable de autores y obras mexicanas, latinoamericanas y voces femeninas. El libro se convirtió a mis ojos en un documento valioso no solo por los datos históricos que siempre se agradecen, sino por la motivación y fundamento de sus opiniones .
En sus escritos ensayísticos se nota la marcada influencia no sólo de la obra, sino del personaje que fue Sor Juana quien prefirió el estudio, la búsqueda del conocimiento y para ello se sirvió de lo único que tenía a su alcance: el claustro en un convento. Así, Castellanos como su admiradora no dudó cuando dijo que quería ser escritora, cuando utilizó su historia personal accidentada y marcada por el denuesto al hecho de haber sido mujer. Sus padres deseaban un varón, ella convirtió estos pasajes en incubadora de valor, de tesón y de arnés.
No uso su ser mujer como leit-motive para reivindicar el papel de las mujeres en México, más bien, amó con locura a un hombre, creyó en la causa indigenista, se obsesionó por el lenguaje como instrumento, llenó de pájaros su árbol cuya sombra aun nos recubre.  



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Etiquetas: #literatura, #mujerescritora, #reflexiónliteraria, #veranoproductivo

sábado, 25 de julio de 2015

Presentación "Redundancia" novela de Cinthia Morado

La urgencia de aprender la realidad y expresarla en formas estéticas puede ser uno y muy fuerte. Rosario Castellanos. 
Comienzo diciendo que el día que Cinthya me pidió que presentara su trabajo, mi cara fue de sorpresa por dos razones: 
1. No me lo esperaba;
2. Porque no soy escritora.
Tal vez, me puedo considerar amiga de Cinthya y, tal vez por eso ella tuvo esta deferencia hacia a mí. Valga la pena decir que conocí a Cinthya en un ambiente libre. La escuché tocar en un festival de mujeres creadoras en 2013 y me gustó mucho lo que hacía, también la escuché leer un cuento en un taller literario y pensé: ¡yo tengo que cotorrear con ella!, pero las cosas llegan cuando tienen que llegar, pues es apenas hasta este año 2015 en el que realmente compartimos más cosas juntas, no les voy a hablar de su lado personal, ese es un privilegio (o no) que ustedes deben vivir (si ella quiere), pero valga lo hasta aquí dicho como redundancia de la sorpresa que me causó su invitación, pues uno asume que lo “tradicional” en la famosa “patadita de la suerte” es que alguien con experiencia introduzca al creador en ciernes al mundo compartido. Pero en este caso, esa tradicionalidad del experto presentando al novato no aplica. Heme aquí, y por semejante confianza no puedo sino más que agradecerte profundamente. 
Así, me concentraré en el cometido de compartir con ustedes algunos comentarios en torno a este ejercicio, que dicho sea de paso, me parece estupendo. 
Dice Rosa Montero en La loca de la Casa que, «El oficio literario es de lo más paradójico: es verdad que escribes en primer lugar para ti mismo, para el lector que llevas dentro, o porque no lo puedes remediar, porque eres incapaz de soportar la vida sin entretenerla con fantasías; pero, al mismo tiempo, necesitas de manera indispensable que te lean; y no un lector, por muy exquisito o inteligente que este sea, por mucho que confíes en su criterio, sino más personas, muchas más, a decir verdad muchísimas más, una nutrida horda, porque nuestra hambruna de lectores es una avidez profunda que nunca se sacia, una exigencia sin límites que roza la locura. A saber de dónde saldrá esa necesidad absoluta que nos convierte a todos los escritores en eternos indigentes de la mirada ajena.»
Me sirvo de esta frase para decir que nos reunimos esta tarde no para presentar una obra acabada, perfecta, lista para ocupar las librerías y para que todos ustedes la compren y se la lleven a casa, No. Me atrevería a decir que esta presentación roza lo crepuscular y lo fronterizo, entre una joven escritora y las probables obras que algún día escribirá y engrosarán la narrativa primero local y porqueno, la nacional después. La prueba de esta creencia la baso no sólo en el resultado de este ejercicio literario cuyo proyecto fue seleccionado y beneficiado con la beca PECDA a jóvenes creadores. Sino en la trayectoria de Cinthya como artista, como mujer creadora, pero sobre todo como voraz lectora. 
Redundancia, novela breve, es una muestra de la avidez lectora de Cinthya Espinosa, esto se aprecia en el mosaico de voces empleadas que son el eco de técnicas que utilizaron autores como Carlos Fuentes en  La muerte de Artemio Cruz y la recurrencia al triángulo de las bermudas narrativas “yo, tú, él”. 
Tal vez, y debido a esta técnica empleada, uno como lector, puede sentir simpatía por Karina, protagonista de la novela, cuando Karina cuenta en primera persona sus experiencias, fragua con el lector un grado de intimidad expreso y no puedes no sentir ternura por el personaje. Cuando aparece la tercera persona, rompe la ternura por el juicio del narrador oculto y sabelotodo, e incluso se burla directamente de que en literatura no está bien visto cometer juicios de autoridad, pero lo hace de manera deliberada y sin cortapisa, y cuando uno encuentra esto, al menos a mí, me arrancó una carcajada sonora. El empleo de la segunda persona nos remite a ese diálogo entre dos, pero en el que sólo te habla uno. Utilizando el tú, y esto, al menos en las peripecias de Karina no hace más que sugerir y acentuar la ansiedad de la protagonista. 
Ya van siete días desde lo de Sergio. 
¿Qué? ¿No piensa volver a buscarte nunca? 
Te has preguntado muchas veces qué pasó, has hecho el recuento de tus escasos encuentros con él y no entiendes por dónde va su voluntad, has aguantado las ganas de ir a su casa, felicidades, ahí la llevas en el proceso de ser dama y no hostigar, pero bueno, pensándolo bien, tú fuiste la que huístesin decir nada, tal vez crea que no te importa. ¿Y si le echas una llamadita? 
Podría aventurarme a decir que Redundancia es una novela psicológica,  esa ficción , breve, cuenta la historia de Karina a través de sus pensamientos, sentimientos, dudas, es decir la autora hace un énfasis en la caracterización interior del personaje, pero hay una característica interesante en el texto, pues esta caracterización psicologíca no explica causalmente los estados de ánimo del personaje, sino que la conminan a preguntarse por los mismos, y en esta acción de preguntarse, hay lo que podría significar una semilla para la literatura sea o no importante como lo dice Doris Lessing en el Cuaderno Dorado «He decidido no volver a escribir una novela. Tengo cincuenta «temas» sobre los que podría escribir, y todos serían suficientemente aptos. Si hay algo de lo que podamos estar seguros, es que seguirán fluyendo de las editoriales novelas aptas e informativas. Yo sólo poseo una de las menos importante cualidades necesarias para escribir: la curiosidad».
Esa curiosidad se traduce en el ansia de Karina que busca, aunque no sepa qué, busca. Y la forma que la autora encuentra  para recrear la ansiedad del personaje es recurrir a otra de sus pasiones, la música, en cada capítulo por pequeño que sea, es más en cada renglón, en cada frase la musicalidad del texto se convierte en la principal cualidad del trabajo. 
Todo le sirve al autora para amenizar las escenas, el ronroneo o maullido de un gato, el ronquido suave casi imperceptible del cuerpo amado, el chorro de la regadera, el sonido de del tic tac del reloj … y uno entiende que la riqueza y armonía de las onomatopeyas empleadas, parecen cantar y al tiempo aumentar la tristeza de Karina o mejor fundirse en Karina y a través de diversas metáforas decirnos que:
Karina es un gato traicionado,
Karina es una adolescente ultrajada,
Karina es una vieja enferma,
Karina está enamorada y quiere saber qué significa el amor,
Karina quiere bastarse…
Karina es pintora, y Karina a toda costa intenta crear cosas vivas, le parece que eso es lo único que vale la pena. Redundancia me parece que es una cosa viva, es una cosa que se mueve, y despertando sentimientos en el lector. El universo del personaje es multiforme, cambiante como su ánimo, el contexto es el nuestro, la ciudad es esta y se pinta con tonos a veces luminosos que dan calor, y a veces fríos y duelen. Las palabras empleadas son las que dibujan el universo de la historia: 
. Karina siente una escisión entre los pechos, un vacío irresistible. Hay una grieta fría y dolorosa que la invade justo cuando el semen le cae en el vientre y una expresión de muerte se le dibuja deformándole el gesto. Elías tiene los ojos cerrados y sonríe satisfecho mientras recupera el aliento. Ella lo observa y siente pena de sí. Algo se rompe. 
La muerte nos hace sentir vivos. Es contradictorio. Karina llora en secreto. No sabe si es bueno o malo lo que siente, no sabe qué siente. El líquido tibio. Una gota espesa y pegajosa paseando deliberadamente por su cuerpo. Un charco en el ombligo. Una gota ajena a ella. Células ajenas. ¿Por qué tiene células reproductivas ajenas encima, si provienen de alguien que tiene manos delicadas y voz débil?, ¿Por qué permite esto?, ¿Para tener una expresión de muerte en la cara y así sentirse viva? 
Detrás de esas preguntas que se hace Karina subyace la semilla de la filosofía en la literatura, preguntas existenciales que no dejaremos de hacernos, una redundancia que palicemos o disfrutamos, pero que igualmente alimentan ese innato e irresistible deseo de preguntarnos puerilmente ¿por qué?, hay un pasaje en la novela, este: 
Nota en el refrigerador sostenida por un imán en forma de manzana:

Si hay tantos hombres escribiendo para tantas mujeres diciendo que son las mejores, las más hermosas. Si todas esas mujeres son las más, entonces ¿Yo qué soy?, ¿quiénes somos nosotros?, ¿qué es nuestro amor? No vale nada lo que dices. Es una vil repetición. No hay nada nuevo. Eso que siento yo y que sientes tú, es genérico.
Este, me recordó otro pasaje de La inmortalidad de Milán Kundera, el pasaje que me recordó es cuando Agnes la protagonista habla con su marido sobre los rostros de las personas, Agnes le dice que no existe la individualidad y el esposo le contesta que él ama el rostro de ella, que el podría indentificarlo siempre, Agnes le contesta que si él ama su rostro entonces no se ha dado cuenta de nada. Y en la novela se recurre al juego siguiente, Agnes le dice a su marido, que ponga dos fotografías de dos rostros juntas y que podrá ver las múltiples diferencias de cada uno, pero que ahora a lado de esas dos fotos ponga 160 fotos de caras diversas descubrirá de improviso que se trata de una sola cara de un solo rostro con tantas variantes y que no ha existido nunca un individuo. 
Ese pasaje misterioso, de Kundera, me lo recordó la nota en el refrigerador de Espinosa, y creo que hay algo valiente en esta historia, de la que se autora pretende se convierta en «una historia amplia de búsqueda con uno que otro destello de descubrimiento, siempre solitaria, atiborrada de imágenes turbias, de tardes viendo el techo, de ansiedad». 
Redundancia es un círculo, redundancia es un ciclo desesperante o armonioso, dependiendo del prisma con que sea evaluado. Quiero cerrar esta intervención con algunos comentarios al margen de este trabajo. Me gustaría decir que un valor adicional que veo en este ejercicio es el esfuerzo de Espinosa de apropiarse de la escritura, rompiendo con la idea preconcebida de que la escritura está vedada a grupos de iniciados, o estudiosos de carreras en letras, o para los que están cerca de otros escritores reconocidos, y esto me parece una actitud de bonita rebeldía que afortunadamente no es aislada, en taller que dirigía Shantal Contreras me di cuenta que hay muchas personas que cultivan esta actitud. Sin embargo, creo que Cinthya a través de un esfuerzo personal y de un amor a la lectura, ha sabido aprovechar desde los talleres literarios, programas de salas de lecturas, así como los chiringuitos de venta de libros de segunda mano, para asirse de libros y devorarlos, luego preguntarse por el origen de las palabras qie más le gustan como “serendipia”, haciendo una exegesis en torno al vocablo. 
Pienso que No es necesario tener una formación filológica para amar las palabras. Tal vez sea a la inversa, porque amamos nos preguntamos y hacemos hasta lo imposible por conseguir respuestas, aunque no nos satisfagan, aunque ese proceso de buscar aumente nuestra ansiedad, no importa. 
Este mosaico de voces, de musicalidad, de imágenes yuxtapuestas que es Redundancia, no es otra cosa más que el mosaico artístico que poco a poco y con mucho esfuerzo ha hecho Espinosa de su propio actuar. Colores, historias, canciones, instrumentos, anécdotas, juego. Un eterno, gracil y disfrutable juego, de palabras, de viajes, de trabajos, de aprendizaje. 
Y aquí, al puro estilo de ella misma, me gustaría decirle a titulo personal que he disfrutado a través de…
Enmoladas, bicicleta, pastodelalomatiradasplaticandoenvueltasenmusicaagradable, deyvis, colima, trabajodurovendiendotostadasdecevichedetrigohechoporlatiaenelparqueecologicoparajuntarsietemilpesosparahacerelcampamentosconelcirculodemujerescreadoras, queserepita, queredunde, peroquenosecierre..


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lunes, 20 de julio de 2015

De una película Rusa que deben ver: Rusalka/Mermaid/Sirena de Anna Melinkyan (2007)

Mi pusher de películas se llama J.C. Me conoce desde enero de 2013. Nos caímos bien. Nuestras locuras empataron. Cuando me ve me saluda con mucho cariño y me entrega las películas que según él debo ver porque me van a gustar. 
Lo que J.C. no sabe es que, lo mío, lo mío es procrastinar, dejar todo para después. Esta película ni siquiera recuerdo cuando me la dio. Sólo sé que la veo en casa desde hace tanto. Por la portada me parecía que no valía la pena verla. 
Resulta que un día, Cinthya y Sara (dos mujeres a quienes aprecio) nos dispusimos a ver películas, yo me llevé a casa de Cinthya cuatro títulos: Match Point de Woody Allen, M. Butterfly de David Cronenberg, Marmaid de Anna Melinkyan, y otra que no recuerdo.   
La primera noche Vimos Match Point, que al final, sin pena ni gloria, a mi no me gustó. Recuerdo que la primera vez que la vi (2009) me había impactado mucho. Terminó la velada y nos fuimos a casa. Yo dejé a Cinthya el resto de películas. 
Nos volvimos a reunir y vimos M. Butterfly, a Cinthya le gustó, Sarita se aburrió un poco, pero en cuanto terminó Cinthya dijo que teníamos que ver esta película e inmediatamente puso Marmaid de Melinkyan. Para mi fue todo un hallazgo. 
Me encontré con un film muy bello, ingenioso, con una ironía que rompe, pero no entristece. La mano de su directora supo capturar una retahíla de imágenes bien logradas que tejen perfectamente una historia mágica. Logra capturar con su técnica mucho más que lo que muestra, es tierna e incisiva, lo mismo ilusiona que aterriza, te hace soñar por un momento en que la magia existe, para luego decirte sin cortapisas que aunque existe la magia es tan misteriosa que no se dejará asir nunca. 
Esta película está recomendada ampliamente para todos, pero si eres Mujer, te gusta el cine y pretendes ser realizadora de este bello arte en cualquiera de sus líneas narrativas: fotografía, guión, edición, diseño de arte, etc. esta es una obra obligada. 
Déjame decirte de qué no se trata. Mermaid o Sirena, no trata de una criatura legendaria perteneciente a la leyenda que en lugar de piernas tiene cola de pescado, escamas y que puede vivir bajo el agua. No se trata de la bruja malvada que le roba la preciosa voz a La Sirenita como en el cuento de Hans Christian Andersen, y no se trata del maravilloso principe que rescata a la princesa de su sacrificio por el amor a él. No se trata de esto. 
En el universo de Alice se configura desde su concepción en el mar por un marinero, la ausencia del padre, el poder de sus pensamientos en solitario, la imaginación, su poderosa visión que la convierte en una realizadora de sueños, ella puede hacer realidad sus sueños. Es capaz porque su mirada está entrenada para capturar los pequeños dramas de su entorno. Alice se enlista al mundo silente por decisión propia, y desde ese mutismo auto-impuesto, cuenta sólo con imágenes de su mirada, cómo es el mundo que la circunda, cómo los universos paralelos de quienes la rodean la envuelven: su madre la eterna enamorada, su abuela siempre loca por la lucidez desbordante y graciosa, sus trabajos cada vez peor el uno del otro, las calles de la moderna Moscú plagada de anuncios publicitarios que le hablan, que la acompañan, que la aprisionan, hasta topar con el universo de un depresivo, de un enfermo de hiperrealismo un tipo para quien la realidad es literal, fiel en la falta de sueños, la magia es sólo para lucrar con ella; por eso el sujeto se dedica a vender lotes de la luna a gente millonaria. Intenta escapar más de una vez de este absurdo que es la vida, sin lograrlo. Y Alice, tan llena de sueños se enamora. 
Los diálogos tienen su justa ubicación en la historia, no son pocos, no excesivos; reafirman el perfil de cada personaje delineado con la imagen, la música es simple, pegajosa como la sal de mar y el final es perfectamente irónico. 
Un retrato bien logrado, una metáfora contemporánea del mito.

 Las sirenas son personajes míticos, y su lugar es la luna.  

V É A N L A


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lunes, 13 de julio de 2015

Hacia una caricia con palabras



*Por: Rocío López

Me propuse leer sólo escritoras. La decisión la tomé después de leer «El Segundo Sexo» de Simon de Beauvoir.  Éste es un libro iracundo. Mientras mis ojos seguían la lectura imaginaba que la autora lo repetía a todo pulmón ayudada por un megáfono delante de una reunión multitudinaria de mujeres. La voz que encontré en el libro era estridente y me emocionaba a tal punto de imaginar dedicarme sólo a temas de “mujer y sus derechos”, me enardeció al grado de proferir una grosería dolorosa a un ser querido e ilusionado:

«Durante los primeros años se resigna, sin demasiada pena a esta suerte. El niño se mueve en el plano del juego y del sueño: juega a ser, juega a hacer; el hacer y el ser no se distinguen netamente cuando sólo se trata de realizaciones imaginarias. La niña puede compensar la actual superioridad de los chicos mediante las promesas encerradas en su destino de mujer y que , ya, realiza ella en sus juegos. [...] La niña comprueba que el cuidado de los hijos corresponde a la madre, y así se lo enseñan; los relatos oídos, los libros leídos, toda su pequeña existencia, se lo confirma; se le estimula a extasiarse ante aquellas riquezas futuras, le dan muñecas para que ya adopten un aspecto tangible. Su "vocación" le es dictada imperiosamente. El hijo se le presenta como su destino, [...]»

Esta cita pertenece a la cuarta parte del libro titulada FORMACIÓN, cuyo capítulo primero inicia con la multicitada frase  «No se nace mujer: se llega a serlo». Esta voz, llena de fuerza, de rabia, de convicción, de pasión se apoderó de mí, por un momento sentí que alguien sistematizaba mi pensamiento y al mismo tiempo esta sensación me provocaba risa, pues me parecía una creencia pueril. Así, pasó que el 10 de mayo (fecha de la madre en México) mi hermana nos da la noticia de su embarazo. Sin embargo, antes de pronunciar la sentencia ya me había arrepentido, fue como el impulso de quien se abalanza a cruzar una calle en el momento justo que el semáforo pasa del ámbar al rojo:   ̶  ¡Aborta!

No hizo falta ni la mirada de reproche, ni la respuesta inmediata de mi hermana:    ̶  ¡Aborta tú!, para sentir que la había cagado. La idea negativa de mi fallo me acompañó durante los siguientes días, pensé en escribirle una carta a mi hermana explicando que el libro que leí me había dotado de una seguridad y fuerza que provocaban  confianza, ahuyentando el miedo a SER, pero me pareció una banalidad. ¿Quién era yo para traducir un libro potente en una sentencia rastrera?, era mi error y debía afrontarlo sola. Así, opté por el silencio. Y un simple:   ̶  ¡Discúlpame hermana! Para quienes me conocen y tienen la osadía de apreciarme, saben que lo mío no es la prudencia. Así mi hermana se limitó a sonreír, no sin antes agregar con sorna:   ̶ ¡Ya te conozco ROCO!

El pasaje anterior en mi experiencia personal, así como la voz de Simon de Beauvoir retumbaron por varios días dejándome un sabor casi amargo. Pensé, como siempre, en el silencio y su valor. Sin embargo, la idea de seguir leyendo solo mujeres escritoras no me abandonó. Así un libro llegó a mí de manera curiosa, «La loca de la casa» de Rosa Montero, lo descubrí por casualidad en un itacate de libros que me regresaba una querida amiga escritora Shantal Contreras. Días antes le había prestado cuatro libros y ella para devolvérmelos los había dispuesto en un orden piramidal de mayor a menor tamaño envueltos cuidadosamente en una bolsa de plástico transparente que dejaba ver perfectamente una nota de agradecimiento, me gustó mucho este detalle que abrí el paquete, leí la nota y revisé los títulos, sin embargo uno no era mío. Se trataba de una edición bonita de Alfaguara, en cuya portada una pequeña de cinco años con un vestido rosa y una paleta en la mano destaca por su color de un grupo de enanos a sus espaldas. Abrí el libro al azar y casualmente la frase que apareció fue:

«Cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, todo el mundo considera que está hablando sobre mujeres; mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, todo el mundo considera que está hablando del género humano»

La frase anterior como las siguientes que leí, en aquel momento, estaban resaltadas en tonos fluorescentes, así continué con la curiosidad y la certeza de que encontraría algo que no buscaba, pero igual resultaría importante:

«Un pensamiento independiente es un lugar solitario y ventoso» «Eso es la escritura: el esfuerzo de trascender la individualidad y la miseria humana, el ansia de unirnos con los demás en un todo, el afán de sobreponernos a la oscuridad, al dolor, al caos y a la muerte» «…sin el entendimiento de nosotros mismos y de los demás, sin esa empatía que nos une a los otros, no puede existir ninguna sabiduría, ninguna belleza.» «La novela es el único territorio literario en el que reina la misma imprecisión y desmesura que en la existencia humana. Es un género sucio, híbrido, alborotado.» «Me considero feminista o, por mejor decir anti-sexista, porque la palabra feminista tiene un contenido semántico equivoco: parece oponerse al machismo y sugerir, por tanto, una supremacía de la mujer sobre el hombre, cuando el grueso de las corrientes feministas no sólo no aspiran a eso, sino que reivindican justamente lo contrario: que nadie resulte supeditado a nadie en razón de su sexo.»

 Citas que me invitaron a no devolver el libro antes de leerlo completo. "La loca de la casa" es el título del libro; se trata de una frase que Santa Teresa emplea para referirse a la imaginación, y Rosa Montero (autora de la obra) se vale de ella no sólo como título, sino como leitmotiv que dirige su voz. La voz de Rosa Montero en esta obra es la del niño que juega y se divierte mintiendo y viendo la reacción de sus acompañantes. Una voz que lo mismo interpreta de manera seria y profunda; pasajes, novelas y obras de autores importantes en la literatura, así como emocionar al lector con pasajes de su vida personal –pareciera autobiográfica – con una voz en tono cómplice y de camaradería, para después, como el buen prestidigitador, mostrarte que al menos en eso, todo fue un engaño. Mientras la voz de Simón de Beauvoir me encendió, la de Rosa Montero me dibujó una sonrisa de lado.

 La curiosidad por una nueva voz me asaltó una de esas noches en las que no se puede dormir, a veces por el calor de fuera, o por el de dentro. Fui a mi estantería a tomar un libro que estaba cuidando no abrir, pues constituía un regalo de mí para mí. La forma de escribir de Guadalupe Nettel me gustó después de leer su novela: «El huésped». Así pensé que, si el libro anterior me había gustado, entonces la decisión de Salvador Clotas, Paloma Díaz-Mas, Marco Giralt Torrente, Vicente Molina Foix y Jorge Herralde, jurado que otorgó el premio Herralde de Novela en noviembre de 2014 a «Después del invierno» no podría decepcionarme. Así, me dispuse a leerlo.

Lo primero que encontré fue un comienzo sencillo. Escrito en primera persona en una especie de confesión de los personajes. Primero Claudio quien se narra así mismo:

«Mi departamento está sobre la calle Ochenta y siete en Upper West Side de la ciudad de Nueva York. Se trata de un pasillo de piedra muy semejante a un calabozo. No tengo plantas. Todo lo vivo me provoca un horror inexplicable, igual al que algunos sienten frente a un nido de arañas. Lo vivo me amenaza, hay que cuidarlo o se muere. En  pocas palabras, roba atención y tiempo y yo no estoy para regalarle eso a nadie.»

Luego Cecilia:

«En diferentes momentos de mi vida, las tumbas me han protegido. Cuando era chica mi madre entabló una relación clandestina con un hombre casado y, para estar con él, me dejaba en casa de mi abuela paterna. En Oaxaca, o al menos en mi familia, no estaba bien visto que los niños asistieran a la escuela antes de entrar a la primaria. Se veía mejor que una madre dejara a su hija de cuatro años, durante mañana y tarde, en manos de sus parientes políticos si no podía o no deseaba ocuparse de ella. La casa de mi abuela era una villa antigua con patio interior y una fuente. [...] Una mañana encontré abierta la puerta de la cocina que comunicaba con él [patio trasero] y me escapé para explorarlo a mis anchas...se distinguía un montículo de tierra con una cruz. A pesar de mi corta edad no dejé de comprender que era una tumba [...] Mi abuela nunca aceptó darme las explicaciones que yo le pedía y, como suele suceder con lo prohibido, la tumba terminó por convertirse en una idea fija.» 

Después reparé que el perfil de cada personaje está delineado finamente no sólo con los títulos de libros favoritos por personaje, sino también, y además, con música; para Claudio, por ejemplo, los recuerdos de su natal Cuba los evocan las notas al piano de «la música de Keith Jarrett y entonces es posible que un sentimiento se presente, una sensación suave, discreta, como cuando un rayo de sol logra filtrarse hasta mi cama tendida, irradiando calor y luz durante unos minutos sobre la colcha y el suelo.» sobre todo, la lírica de César Vallejo que el personaje admira con devoción religiosa. La urdimbre de estos detalles revela la frase de Borges  "lo que lees te define más que aquello que has escrito", y esta fórmula aparece en cada fragmento de libro, los personajes mencionan los libros que leen y la música que escuchan y a través de ello definen su personalidad.


Migaja de felicidad


La voz de Nettel en «Después del invierno» me resultó, a diferencia de las anteriores, una caricia al alma. Tal vez porque percibo su tono de voz dulce, como un susurro, tal vez porque la selección de las palabras obedece a lo discreto, a lo diáfano, no sé por qué, pero me inspira una reverencia japonesa, un saludo que no requiere de contacto directo para expresar tanto. La voz delicada de Nettel mantiene un ritmo suave y envolvente. Lo mismo si escribe como si habla.
La atmósfera creada en el universo de esta novela me provocó al grado de cuestionar lo básico: ¿Cómo lo hace, cómo es capaz la autora de manejar los sentimientos de forma tan sutil, recurriendo a la descripción de detalles tan cotidianos, para hablarnos de manías tan profundas?¿Cómo puede tratar el tema de la soledad, del desamparo, de la enfermedad y la muerte como si fuese una melodía jazzística?

¿De qué se trata la historia? no es importante; ¿A quién se dirigen los personajes con sus declaraciones directas?, pareciera que tampoco; lo intrigante está en cómo Guadalupe Nettel concibe al lector, prodigándole respeto y admiración a quienes se atreven a escuchar con la mirada.

P.D. Un ejemplo de la prosa de NETTEL
Bonsai en voz de Guadalupe Nettel

....
 Si puedo valerme de este espacio, me gustaría aspirar a la fuerza incendiaria de De Beauvoir para mis convicciones; a la ironía prestidigitadora de Rosa Montero en mis narraciones y, sobre todo; a la caricia respetuosa, elegante y dulce de Guadalupe Nettel en el trato a los míos.





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miércoles, 19 de noviembre de 2014

La frontera de lo inverosímil ya no está vigilada

Tomo prestado el título de esta entrada de un epígrafe del "Telón" de Kundera, para afirmar, para afirmarme (aunque eso tenga poca importancia) que el abrazo entre sueño y realidad es posible.
No hablo en términos de historia del arte, que es por todos conocido que dicha constelación llevó el nombre de "surrealismo", no. Se trata de una reafirmación personal.
El poder que concede la palabra como una barita mágica capaz de transformar el entorno.
La palabra que rompe estructuras y transgrede, tal vez es icónico el rojo con el que manché mis manos al pintar zapatos, no pintaba para una réplica artística, pintaba una realidad...la realidad de un espacio fértil, un espacio ávido de ser sembrado, pero que al tiempo descubre mi propia "llamarada de petate", mi inconsistencia, mi guevonada, mi mediocridad.
¿Puede ese campo ser fértil para reafirmar que incluso esa frontera carece de centinela..? no hay nadie que le importe... es vieja la frase que dice estamos todos solos y muertos...lo que omita al decir y al hacer no afectará a nadie, ni a mí. En cambio lo que haga y diga darán de que hablar, le provocará a otros al menos un movimiento de labios para loar o criticar.
Somos hechos, hechos de una extraña materia sugerente, sensual y emotiva, aunque nos cueste trabajo capturarlo.
Los centinelas, los guardianes de la acción. De la acción que busca los sueños o, están muertos o, nunca existieron.
La pregunta no es quién los mató o impidió su surgimiento, sino qué estoy dispuesta a hacer al respecto. 

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lunes, 3 de noviembre de 2014

De Villa Gardenia y el calorón

                               U N O
En Acaponeta todos los habitantes estamos solos y muertos. Lo supe la noche que por la ventana vi que seguía siendo martes trece, día en que  el infierno dejó de ser palabra para convertirse en estación.

                             

Publicado por Unknown en 20:22 No hay comentarios:
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Etiquetas: microcuentitito
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