Mi pusher de películas se llama J.C. Me conoce desde enero de 2013. Nos caímos bien. Nuestras locuras empataron. Cuando me ve me saluda con mucho cariño y me entrega las películas que según él debo ver porque me van a gustar.
Lo que J.C. no sabe es que, lo mío, lo mío es procrastinar, dejar todo para después. Esta película ni siquiera recuerdo cuando me la dio. Sólo sé que la veo en casa desde hace tanto. Por la portada me parecía que no valía la pena verla.
Resulta que un día, Cinthya y Sara (dos mujeres a quienes aprecio) nos dispusimos a ver películas, yo me llevé a casa de Cinthya cuatro títulos: Match Point de Woody Allen, M. Butterfly de David Cronenberg, Marmaid de Anna Melinkyan, y otra que no recuerdo.
La primera noche Vimos Match Point, que al final, sin pena ni gloria, a mi no me gustó. Recuerdo que la primera vez que la vi (2009) me había impactado mucho. Terminó la velada y nos fuimos a casa. Yo dejé a Cinthya el resto de películas.
Nos volvimos a reunir y vimos M. Butterfly, a Cinthya le gustó, Sarita se aburrió un poco, pero en cuanto terminó Cinthya dijo que teníamos que ver esta película e inmediatamente puso Marmaid de Melinkyan. Para mi fue todo un hallazgo.
Me encontré con un film muy bello, ingenioso, con una ironía que rompe, pero no entristece. La mano de su directora supo capturar una retahíla de imágenes bien logradas que tejen perfectamente una historia mágica. Logra capturar con su técnica mucho más que lo que muestra, es tierna e incisiva, lo mismo ilusiona que aterriza, te hace soñar por un momento en que la magia existe, para luego decirte sin cortapisas que aunque existe la magia es tan misteriosa que no se dejará asir nunca.
Esta película está recomendada ampliamente para todos, pero si eres Mujer, te gusta el cine y pretendes ser realizadora de este bello arte en cualquiera de sus líneas narrativas: fotografía, guión, edición, diseño de arte, etc. esta es una obra obligada.
Déjame decirte de qué no se trata. Mermaid o Sirena, no trata de una criatura legendaria perteneciente a la leyenda que en lugar de piernas tiene cola de pescado, escamas y que puede vivir bajo el agua. No se trata de la bruja malvada que le roba la preciosa voz a La Sirenita como en el cuento de Hans Christian Andersen, y no se trata del maravilloso principe que rescata a la princesa de su sacrificio por el amor a él. No se trata de esto.
En el universo de Alice se configura desde su concepción en el mar por un marinero, la ausencia del padre, el poder de sus pensamientos en solitario, la imaginación, su poderosa visión que la convierte en una realizadora de sueños, ella puede hacer realidad sus sueños. Es capaz porque su mirada está entrenada para capturar los pequeños dramas de su entorno. Alice se enlista al mundo silente por decisión propia, y desde ese mutismo auto-impuesto, cuenta sólo con imágenes de su mirada, cómo es el mundo que la circunda, cómo los universos paralelos de quienes la rodean la envuelven: su madre la eterna enamorada, su abuela siempre loca por la lucidez desbordante y graciosa, sus trabajos cada vez peor el uno del otro, las calles de la moderna Moscú plagada de anuncios publicitarios que le hablan, que la acompañan, que la aprisionan, hasta topar con el universo de un depresivo, de un enfermo de hiperrealismo un tipo para quien la realidad es literal, fiel en la falta de sueños, la magia es sólo para lucrar con ella; por eso el sujeto se dedica a vender lotes de la luna a gente millonaria. Intenta escapar más de una vez de este absurdo que es la vida, sin lograrlo. Y Alice, tan llena de sueños se enamora.
Los diálogos tienen su justa ubicación en la historia, no son pocos, no excesivos; reafirman el perfil de cada personaje delineado con la imagen, la música es simple, pegajosa como la sal de mar y el final es perfectamente irónico.
Un retrato bien logrado, una metáfora contemporánea del mito.
Las sirenas son personajes míticos, y su lugar es la luna.
V É A N L A
No hay comentarios:
Publicar un comentario
cotilleo