Tomo prestado el título de esta entrada de un epígrafe del "Telón" de Kundera, para afirmar, para afirmarme (aunque eso tenga poca importancia) que el abrazo entre sueño y realidad es posible.
No hablo en términos de historia del arte, que es por todos conocido que dicha constelación llevó el nombre de "surrealismo", no. Se trata de una reafirmación personal.
El poder que concede la palabra como una barita mágica capaz de transformar el entorno.
La palabra que rompe estructuras y transgrede, tal vez es icónico el rojo con el que manché mis manos al pintar zapatos, no pintaba para una réplica artística, pintaba una realidad...la realidad de un espacio fértil, un espacio ávido de ser sembrado, pero que al tiempo descubre mi propia "llamarada de petate", mi inconsistencia, mi guevonada, mi mediocridad.
¿Puede ese campo ser fértil para reafirmar que incluso esa frontera carece de centinela..? no hay nadie que le importe... es vieja la frase que dice estamos todos solos y muertos...lo que omita al decir y al hacer no afectará a nadie, ni a mí. En cambio lo que haga y diga darán de que hablar, le provocará a otros al menos un movimiento de labios para loar o criticar.
Somos hechos, hechos de una extraña materia sugerente, sensual y emotiva, aunque nos cueste trabajo capturarlo.
Los centinelas, los guardianes de la acción. De la acción que busca los sueños o, están muertos o, nunca existieron.
La pregunta no es quién los mató o impidió su surgimiento, sino qué estoy dispuesta a hacer al respecto.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
La frontera de lo inverosímil ya no está vigilada
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