domingo, 19 de octubre de 2014

Danzando con un libro

"Hay tiempo para todo", decía mi abuela. "Tiempo para amar, tiempo para cantar, tiempo para bailar."
Mi abuela era muy sabia. Sabía que los frijoles más buenos son con manteca. Que con quelites se puede  criar a seis criaturas. Que el clavo de olor calma el dolor de muela. Que la luna llena hace daño a las panzonas.
Ella sabía todo eso y más, porque tenía tiempo para mirar, para escuchar, para pensar.
Se daba tiempo,
T I E M P O
T E M P O
T E M P
T E M
T E
T
Sin decirlo, ella, me daba una gran lección que, sobre todo en las noches como esta  que, sintiendo el remordimiento de la procrastinación,  no olvidaré.
El tiempo es como un resorte. Yace en los dedos. Responde a impulsos o reflexiones, se puede jugar con él. Esto lo saben  tamBIEN los escritores. Los buenos, NO redactan, componen sonatas, valses o polkas para bailar con ellos, con las historias de ellos, con los personajes en las historias de los libros de ellos.
Hoy, bailo al son de "Se una notte d'inverno un viaggiatore" de Italo Calvino. Y el uso del tiempo me marca el ritmo, me da la pauta y bailo a través de Ludmilla sin comprender si es ella quien me mueve o yo quien le concede vida.
No sé si mi abuela comprenda que, gracias a su frase entiendo que, la vida, la velocidad, la pausa y la muerte; las da el tiempo.
Este TIEMPO
In TEMPO

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