viernes, 24 de octubre de 2014

Porto panza


No sé escribir poesía y no niego que me gustaría, pero soy demasiado perezosa. Un poeta cuando no tiene disciplina al menos tiene talento para escribir lo que siente. Yo en cambio, algunas veces siento, y rara vez tengo disciplina. Al menos  intento ejercicios físicos. Mido mi fuerza al controlar mi masa. Sólo busco sentirme viva. A veces acierto un par de ganchos, pero hay ocasiones que la masa cae sobre mi y me pudre por dentro.
Cuando la barriga es lo que veo paladeo mi fracaso y duermo. No me deprime mi cuerpo por no encajar en un estatus de belleza, NO.
 Me duele mi súper yo, ese que quiere desafiar sus propias miserias.
 Duermo.
Derrotada duermo.
Mis sueños se desvanecen. Sueño que haré ejercicio. Que no comeré grasas. Que compraré pastillas de dieta. 
Pero cuando porto panza huelo mal. 
Cuando porto panza la mierda se acumula en mi escritorio. 
Grito.
Cuando porto panza soy huérfana.
La voluntad me abandona y no soy capaz de estar con nadie.
 Cuando porto panza arribo a la pesadilla de mi infancia. 
A las moscas negras y peludas.
 Al olor a miados y sudor. 
Cuando porto panza me abandona todo deseo de vivir.

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